LA PAZ, 18 sep (Aprac Bol Radio Digital) – La creciente pugna interna dentro del Movimiento al Socialismo (MAS) entre el expresidente Evo Morales y el actual presidente Luis Arce se ha convertido en un violento conflicto que amenaza la estabilidad política de Bolivia. Este martes, la violencia estalló durante una marcha liderada por Morales, en la que sus seguidores, conocidos como «evistas», se enfrentaron con palos, piedras y petardos a los «arcistas», simpatizantes del gobierno de Arce.
El escenario del enfrentamiento fue la región de Vila Vila, en plena carretera La Paz-Oruro, dejando un saldo de al menos veinte heridos en ambos bandos y generando un ambiente de tensión que crece día a día en el país.
Lo que comenzó como una movilización política, con Morales buscando posicionarse nuevamente como candidato para las elecciones de 2025, pese al impedimento legal y constitucional, rápidamente se transformó en una batalla campal.
Los seguidores de Morales avanzaban en su marcha cuando, a la altura de Vila Vila, se encontraron con grupos de arcistas que habían tomado posiciones estratégicas en los cerros. El conflicto estalló cuando ambos bandos comenzaron a lanzarse piedras y petardos, mientras algunos usaban palos y chicotes para golpear a sus oponentes.
Las escenas de violencia reflejan un nivel de polarización que hasta hace pocos años parecía impensable dentro del partido gobernante.
A medida que la situación se deterioraba, la Policía, que había sido desplegada desde La Paz para controlar el bloqueo campesino en La Paz, no logró llegar a tiempo para detener la violencia.
La Defensoría del Pueblo se hizo presente en el lugar, pero su intento de mediar fue inútil, ya que no pudieron establecer contacto con los líderes de ninguna de las facciones en conflicto.
El Defensor del Pueblo, Pedro Callisaya, alertó que las agresiones no solo incluyeron a los manifestantes, sino también a asambleístas y periodistas, además de registrarse daños a vehículos y cortes de tráfico en la carretera.

GOLPE A LA DEMOCRACIA Y TEMOR A LA DESESTABILIZACIÓN
En una conferencia de prensa posterior a los disturbios, Callisaya advirtió sobre las graves implicaciones de estos hechos: “Estos acontecimientos no solo lesionan la integridad de las personas, sino que también ponen en peligro el Estado y el sistema democrático como mecanismo para resolver la conflictividad”.
Los enfrentamientos también dejaron heridos a figuras políticas evistas, como los senadores Guido Varela y Luis Flores, ambos cercanos al sector de Morales, quienes fueron agredidos mientras acompañaban la marcha en el altiplano boliviano.
La fragmentación interna del MAS ha dejado expuesto el riesgo de desestabilización política, un temor que el propio presidente Luis Arce ha expresado con contundencia.
Arce ha acusado a Morales y sus seguidores de promover un «golpe de Estado» para sacarlo del poder y poner en su lugar al presidente del Senado, Andrónico Rodríguez, tercero en la sucesión presidencial y aliado de Morales, abriendo así el camino para la habilitación del líder cocalero como candidato en 2025. Esta teoría de golpe político añade un nivel extra de tensión al ya caótico escenario de confrontación.

Mientras los enfrentamientos en Vila Vila capturaban la atención de los medios, otros conflictos sociales y económicos continuaban desarrollándose en el país. Paralelamente a la marcha de Morales, sectores afines al expresidente, como los Ponchos Rojos, han iniciado bloqueos de carreteras en la región del lago Titicaca, exigiendo la renuncia de Arce y su vicepresidente, David Choquehuanca.
Estos bloqueos, que afectan una importante vía hacia la localidad de Copacabana, no solo profundizan la crisis política, sino que también perjudican gravemente la economía, afectando el comercio y las actividades laborales cotidianas.
La Iglesia católica boliviana, a través de la Conferencia Episcopal, también se ha pronunciado sobre la crisis. En un comunicado emitido este martes, la Iglesia llamó a un diálogo sincero y efectivo entre las facciones en conflicto, advirtiendo que los bloqueos de carreteras no son la solución a los problemas políticos y económicos que enfrenta el país.
La Conferencia Episcopal fue clara en señalar que este tipo de medidas solo agravan la situación y dificultan el desarrollo del país, afectando directamente a los trabajadores y al libre tránsito de la población.

Las diferencias entre Morales y Arce, que comenzaron en 2021 por la gestión del Estado, han escalado rápidamente, y lo que en un principio parecía ser una disputa interna por el liderazgo del partido ahora amenaza con fracturar definitivamente al MAS.
Morales, quien todavía controla el aparato oficialista del partido, busca retomar el poder, mientras que Arce intenta consolidar su presidencia y evitar que su gobierno sea desplazado antes del final de su mandato. La situación se complica aún más por las facciones leales a ambos líderes, que no logran llegar a un acuerdo sobre la renovación de la dirección del MAS.
Mientras tanto, las consecuencias de esta lucha interna no solo impactan a los involucrados, sino también al país en su conjunto. La polarización política, sumada a la crisis económica que ya sufre Bolivia, coloca a la nación en una posición vulnerable.
Las manifestaciones, los bloqueos y la violencia reflejan un nivel de inestabilidad que amenaza con desbordarse, mientras la comunidad internacional observa con preocupación cómo un país que hace poco tiempo era considerado un ejemplo de estabilidad política en la región, ahora enfrenta el riesgo de una severa crisis institucional.
Ante este panorama desolador, diversos actores sociales y políticos han pedido con urgencia que se restablezca el diálogo entre los sectores enfrentados. «Es hora de promover la unidad de todos los sectores sociales e instituciones», declaró la Conferencia Episcopal, en un intento de calmar los ánimos. Sin embargo, hasta el momento, ni los líderes del MAS ni sus seguidores han dado muestras de querer detener la confrontación.
Con la marcha de Morales avanzando y los bloqueos de carreteras en plena ejecución, la tensión sigue aumentando. Los próximos días serán cruciales para determinar si Bolivia puede encontrar una salida pacífica a esta profunda crisis política, o si el país se deslizará aún más hacia el conflicto abierto entre facciones.

